martes, 31 de agosto de 2010

VIII Ellas, vos y yo

Intente alejarme de Octavio. A pesar de que evito compartir el viaje no me canso de pensarlo y, al descender del tren, lo busco con la mirada entre la multitud. Una vez nos cruzamos, nos saludamos y él sonrió al darse cuenta lo difícil que me resultaba mantener la decisión que había tomado
Hoy he decido volver a viajar con él sin esperar que las cosas cambien entre nosotros, ya no voy hacerme ilusiones y estoy dispuesta a aceptar que nuestra relación nunca saldrá del tren.
Estoy subiendo al tren, lo veo y me dirijo hacia donde está para que compartamos el viaje. Lo saludo y, para mi sorpresa, veo que está acompañado. Me presenta a quien lo acompaña:
- Clara, ella es Belén.
La saludo y me siento enfrente de ellos, escucho la conversación pero sin participar. Mientras conversan con entusiasmo y sonríen, yo intento disimular lo incomoda que me siento. Inesperadamente Belén saluda a Octavio y desciende del tren, siento un gran alivio
- ¿Quién era?
- Una amiga que conocí en la estación.
Sin nada que decir al respecto, comienzo a contarle que en unos meses voy a renunciar al trabajo, lo que significa que nuestros viajes en tren van a terminar definitivamente.
Nuestro viaje continúa y, entre una cosa y la otra, comienza a contarme algo que nuevamente me sorprende:
- Estoy saliendo con una chica, se llama Ana. Nos conocimos cuando volvía de trabajar, mientras esperábamos el subte. Después seguimos viajando en el tren, y empezamos a salir.
Descendemos del tren y nos despedimos. Mientras camino hacia el trabajo me doy cuenta que es jueves y que posiblemente volvamos a encontrarnos a la noche.
Después de un día bastante caótico del que quiero olvidarme, llego a la estación. Como estoy con un pésimo humor prefiero evitar cruzarme con Octavio, así que decido subir al tren. Escucho música mientras espero, apoyo la cabeza en la ventana y cuando dirijo la vista hacia la estación, veo que Octavio está sentado junto a una chica. Por la forma en que la mira, imagino que debe ser Ana. Los observo mientras conversan, y luego de unos minutos él se acerca y la besa. Luego se levantan y caminan hacia otro vagón. Mientras los observo alejarse comienzo a sentir un vacio en mi interior el cual espero que desaparezca pronto.

lunes, 16 de agosto de 2010

VII. Tomar distancia

Después de lo ocurrido en el tren el día del accidente pensé que Octavio iba a animarse a algo más pero fue solo una ilusión.
Estoy subiendo al tren, lo busco a Octavio pero no lo veo, miro el reloj, y me doy cuenta que el tren pasó un poco antes del horario habitual, es probable que Octavio haya perdido el tren. Me siento y comienzo el viaje rumbo al trabajo, me siento rara viajando sola, es como si me faltara algo. Recién pasamos la primera estación, siento que no voy a soportar el viaje sola y en la siguiente estación decido bajar. Me quedo esperando el próximo tren, tratando de entender porque me sentí tan mal al no encantarme con él, estoy triste y siento un dolor que me comprime el pecho. Definitivamente tengo que aceptar que me enamore de Octavio, creo que hace tiempo que esto me pasa pero intenté negarlo durante algún tiempo, pero hoy me estoy enfrentando a la realidad. Prefiero ser simplemente su compañera de viaje a perderlo; es por eso que acepto que las cosas sean como él quiere.
Escucho que el tren se aproxima, me dirijo al último vagón y espero encontrarme con él. Afortunadamente lo veo a penas subo, mágicamente el dolor y la tristeza que sentía desaparece, sonrío al sentarme a su lado.
Evito decirle porque subí en otra estación, él tampoco me pregunta, y continuamos nuestro viaje. Mientras el habla yo pienso en que esto no puede seguir así, llego el momento de alejarme de él.
Al descender del tren, aún mantengo la ilusión de que me bese pero es inútil porque es real que no le pasa nada conmigo.
Camino hacia el trabajo, paso por una librería y decido regalarle un libro para despedirme. Entro en la librería y comienzo a buscar un libro, después de recorrer la librería varias veces me decido por uno “A orillas del río Piedra, me senté y llore”. Le escribo unas palabras y le dejo mi teléfono pensando que tal vez un día me llame y volvamos a vernos. Ahora solo me queda esperar hasta mañana para ponerle fin a esta historia.
Llegó el momento, he decidido que unas estaciones antes de que nuestro viaje termine voy a decirle todo lo que siento por él, y al despedirnos voy a entregarle el libro. Tengo todo pensado, mientras me habla de lo cansado que esta de su trabajo, voy repasando todo lo que quiero decirle. Nuestro viaje esta por terminar, inesperadamente nos tomamos de la mano, nos miramos; es el momento justo para decirle lo que tenía previsto. Pero él se me adelanta y me dice algo:
- Qué loco no? si no tuviera tantos problemas, hace tiempo te hubiera propuesto que intentemos algo.
Instantáneamente le suelto la mano.
-¿Por qué me soltás?
- Pensaba en hablarte sobre lo mismo, me pasan cosas con vos y por eso prefiero alejarme.
Al bajar del tren continúa diciéndome que no quiere lastimarme y que por eso prefiere aceptar mi decisión de alejarnos. Estamos por despedirnos, lo saludo, le entrego el libro y me voy apresuradamente sin decir nada. Camino dos cuadras, me detengo y comienzo a llorar sin entender que es lo que le impide a Octavio que intentemos algo.

domingo, 8 de agosto de 2010

VI. Varados en el tren

Con Octavio actualmente solo conversamos y compartimos el viaje, me costó un poco acostumbrarme al cambio porque cada vez que nos despedíamos tenia la ilusión de que me volviera a besar, pero no. Mi única opción fue aceptar que por alguna razón que desconozco solo podíamos intentar ser amigos, prefiero conformarme con eso antes de perderlo. Después de todo él tiene una hija y todavía la relación con su mujer no está totalmente terminada; enamorarme de él sería para problemas.
Salgo de casa y me dirijo a tomar el tren, cuando estoy llegando a la estación escucho que me dicen algo:
- Dale, apúrate que perdes el tren.
Descubro que Octavio está en la estación, sorprendida continúo caminando hasta la boletería.
Me encuentro con él, me cuenta que fue a visitar a alguien que vive cerca de la estación y por eso me estaba esperando ahí. Llega el tren, nos subimos y encontramos dos asientos libres en los que nos sentamos. El tren arranca y nosotros seguimos conversando, en realidad la que habla soy yo mientras él me escucha y me da su opinión. Últimamente conversamos de mis amores y desamores, tal vez elijo hablar de eso para que crea que no me pasa nada con él. De repente el tren frena de golpe, con Octavio nos miramos sorprendidos por la frenada. La gente se asoma por la ventanilla y ahí nos enteramos que el tren atropelló a alguien. Algunos pasajeros intentan descender de alguna manera, con Octavio caminamos por el tren mientras pensamos qué hacer. Finalmente decidimos esperar que el servicio se normalice, sabiendo que eso podría demorar bastante. Volvemos a sentarnos y yo decido terminar con cosas del trabajo; él observa lo que hago mientras me habla. Lo escucho pero sin prestarle demasiada atención, probablemente lo haya percibido y por eso se levantó para acercarse a hablar con un pasajero. No sé porque decidí quedarme a esperar en lugar de buscar otra manera de ir al trabajo; en realidad sé que me quedé para compartir más tiempo con él. Veo que Octavio está regresando, decido guardar mis cosas y dedicarle toda la atención a él. Se sienta y me cuenta lo que averiguó del accidente; hace más de media hora que estamos varados en el tren y parece que tenemos para un rato más.
Entre un tema y otro terminamos hablando de Renzo, Octavio me escucha, sonríe y me pregunta porqué me interesa mantener esa relación que se que no va a llegar a nada. Lo miro a los ojos, me encantaría que nos besemos pero ya no me hago ilusiones; igualmente la tentación es muy fuerte entonces desvío la mirada, me asomo por la ventanilla y le digo:
-Creo que terminaron.
Él no me responde, me siento y al mirarlo nuevamente me dice:
-Que no pase nada no significa que no me siga tentando.
Sin decir nada le sonrío pero no me animo a preguntarle qué le impide hacerlo.
Después de casi dos horas el tren arranca, continuamos el viaje casi sin emitir palabras. Voy pensando en lo que me dijo hace un rato, estoy confundida no sé qué le pasa conmigo. Me gustaría saber en qué está pensando él, pero cuando estoy por preguntarle me doy cuenta que tenemos que bajar. Al descender del tren, caminamos deprisa hacia la salida, ya no puedo preguntarle en qué estaba pensando. Nos despedimos y cada uno sigue su camino.