Pasaron tres meses desde que volví a viajar con Octavio. Después de verlo con Ana, comprendí que por más ilusiones que me hiciera solo podíamos ser amigos. Hice un gran esfuerzo para lograr mantener esta relación con él, hoy tenemos una hermosa amistad la cual nos permite compartir momentos muy lindos aunque solo nos encontremos en el tren. Hace poco me contó que su historia con Ana termino, porque el no pudo tolerar las inseguridades de ella..
Nuestros viajes llegan a su fin, mañana es mi último día en el trabajo.
Ahora me encuentro en mi trabajo, esperando a que mi horario finalice para ir a la casa de mi amiga Majo. Al salir del trabajo me dirijo a lo de mi amiga y una vez alli, comienzo a contarle como sigue la relación con Octavio y lo mal que me siento al saber que no voy a volver a verlo. Nos ponemos al día y en medio de nuestra conversación recibo un llamado. Al atender, escucho una voz que me resulta familiar pero no puedo creer que sea él. Majo parece haber notado que hablo con Octavio, y apenas corto le cuento que me llamó para pedirme que mañana me tome el tren más temprano para acompañarlo hacer un trámite.
Con Majo vamos al teatro, y después de la función voy lo más rápido que puedo a la estación pero no logro alcanzar el último tren. Con mucha tristeza, llamo a Majo y le cuento lo que me paso; decido volver a su casa y quedarme ahí, otra opción no tengo.
Mientras voy en el colectivo a la casa de mi amiga, se me ocurre una opción para poder encontrarme mañana con Octavio. Cuando llego a su la casa de Majo le cuento que mañana voy a tomarme el tren muy temprano para volver a casa para encontrarme con él como habíamos quedado. Me mira asombrada porque para ella es una locura hacer doble viaja para ver a ese tipo que no sabe lo que quiere. Es inútil que siga engañándome, en el fondo de mi corazón permanece el amor que siento por él. Majo intenta convencerme de que es absurdo lo que quiero hacer, pero no me importa lo que diga; mañana quiero verlo para despedirme.
Muy temprano salgo de la casa de Majo, llego a mi casa y tomo una ducha. Luego me dirijo rápidamente a la estación, llego a tiempo para tomar el tren y viajar con Octavio por última vez. Viajamos primero en el tren, luego tomamos el subte pero entre nosotros se instala una distancia por lo cual me siento incomoda y pienso que Majo tenia razón. Despues de descencer del subte caminamos unas cuadras hasta que llegamos a un edificio antiguo en el cual tiene que realizar los tramites. Mientras esperamos que nos atiendan hablamos sobre las próximas vacaciones que están muy cerca, también me cuenta anécdotas de sus vacaciones nos reímos y todo parece marchar bien, la distancia que sentí durante el viaje empieza a acortarse. Dirijo la mirada hacia sus ojos, nos sonreímos e inesperadamente me besa. Beso que es interrumpido por el recepcionista que lo llama para iniciar el tramite. Me quedo inmóvil, como en estado de shock, no entiendo porque hace estas cosas pero ya no tiene sentido dar vueltas en el asunto, esto no va a cambiar las cosas entre nosotros y posiblemente esta sea la última vez que nos veamos. Una vez que termina con lo suyo, me acompaña a tomar el subte para ir a mi trabajo y él opta por caminar. Al despedirnos, me entrega una tarjeta con el teléfono del trabajo y me dice que puedo llamarlo cuando quiera. Volvemos a besarnos, y luego comienzo a bajar las escaleras hacia el subte.
El amor viaja en tren
Dos personas se encuentran en el tren cuando van a trabajar. Asi comienza un amor de viaje, despues de 3 años la historia continua pero el final esta cerca.
martes, 7 de septiembre de 2010
martes, 31 de agosto de 2010
VIII Ellas, vos y yo
Hoy he decido volver a viajar con él sin esperar que las cosas cambien entre nosotros, ya no voy hacerme ilusiones y estoy dispuesta a aceptar que nuestra relación nunca saldrá del tren.
Estoy subiendo al tren, lo veo y me dirijo hacia donde está para que compartamos el viaje. Lo saludo y, para mi sorpresa, veo que está acompañado. Me presenta a quien lo acompaña:
- Clara, ella es Belén.
La saludo y me siento enfrente de ellos, escucho la conversación pero sin participar. Mientras conversan con entusiasmo y sonríen, yo intento disimular lo incomoda que me siento. Inesperadamente Belén saluda a Octavio y desciende del tren, siento un gran alivio
- ¿Quién era?
- Una amiga que conocí en la estación.
Sin nada que decir al respecto, comienzo a contarle que en unos meses voy a renunciar al trabajo, lo que significa que nuestros viajes en tren van a terminar definitivamente.
Nuestro viaje continúa y, entre una cosa y la otra, comienza a contarme algo que nuevamente me sorprende:
- Estoy saliendo con una chica, se llama Ana. Nos conocimos cuando volvía de trabajar, mientras esperábamos el subte. Después seguimos viajando en el tren, y empezamos a salir.
Descendemos del tren y nos despedimos. Mientras camino hacia el trabajo me doy cuenta que es jueves y que posiblemente volvamos a encontrarnos a la noche.
Después de un día bastante caótico del que quiero olvidarme, llego a la estación. Como estoy con un pésimo humor prefiero evitar cruzarme con Octavio, así que decido subir al tren. Escucho música mientras espero, apoyo la cabeza en la ventana y cuando dirijo la vista hacia la estación, veo que Octavio está sentado junto a una chica. Por la forma en que la mira, imagino que debe ser Ana. Los observo mientras conversan, y luego de unos minutos él se acerca y la besa. Luego se levantan y caminan hacia otro vagón. Mientras los observo alejarse comienzo a sentir un vacio en mi interior el cual espero que desaparezca pronto.
lunes, 16 de agosto de 2010
VII. Tomar distancia
Después de lo ocurrido en el tren el día del accidente pensé que Octavio iba a animarse a algo más pero fue solo una ilusión.
Estoy subiendo al tren, lo busco a Octavio pero no lo veo, miro el reloj, y me doy cuenta que el tren pasó un poco antes del horario habitual, es probable que Octavio haya perdido el tren. Me siento y comienzo el viaje rumbo al trabajo, me siento rara viajando sola, es como si me faltara algo. Recién pasamos la primera estación, siento que no voy a soportar el viaje sola y en la siguiente estación decido bajar. Me quedo esperando el próximo tren, tratando de entender porque me sentí tan mal al no encantarme con él, estoy triste y siento un dolor que me comprime el pecho. Definitivamente tengo que aceptar que me enamore de Octavio, creo que hace tiempo que esto me pasa pero intenté negarlo durante algún tiempo, pero hoy me estoy enfrentando a la realidad. Prefiero ser simplemente su compañera de viaje a perderlo; es por eso que acepto que las cosas sean como él quiere.
Escucho que el tren se aproxima, me dirijo al último vagón y espero encontrarme con él. Afortunadamente lo veo a penas subo, mágicamente el dolor y la tristeza que sentía desaparece, sonrío al sentarme a su lado.
Evito decirle porque subí en otra estación, él tampoco me pregunta, y continuamos nuestro viaje. Mientras el habla yo pienso en que esto no puede seguir así, llego el momento de alejarme de él.
Al descender del tren, aún mantengo la ilusión de que me bese pero es inútil porque es real que no le pasa nada conmigo.
Camino hacia el trabajo, paso por una librería y decido regalarle un libro para despedirme. Entro en la librería y comienzo a buscar un libro, después de recorrer la librería varias veces me decido por uno “A orillas del río Piedra, me senté y llore”. Le escribo unas palabras y le dejo mi teléfono pensando que tal vez un día me llame y volvamos a vernos. Ahora solo me queda esperar hasta mañana para ponerle fin a esta historia.
Llegó el momento, he decidido que unas estaciones antes de que nuestro viaje termine voy a decirle todo lo que siento por él, y al despedirnos voy a entregarle el libro. Tengo todo pensado, mientras me habla de lo cansado que esta de su trabajo, voy repasando todo lo que quiero decirle. Nuestro viaje esta por terminar, inesperadamente nos tomamos de la mano, nos miramos; es el momento justo para decirle lo que tenía previsto. Pero él se me adelanta y me dice algo:
- Qué loco no? si no tuviera tantos problemas, hace tiempo te hubiera propuesto que intentemos algo.
Instantáneamente le suelto la mano.
-¿Por qué me soltás?
- Pensaba en hablarte sobre lo mismo, me pasan cosas con vos y por eso prefiero alejarme.
Al bajar del tren continúa diciéndome que no quiere lastimarme y que por eso prefiere aceptar mi decisión de alejarnos. Estamos por despedirnos, lo saludo, le entrego el libro y me voy apresuradamente sin decir nada. Camino dos cuadras, me detengo y comienzo a llorar sin entender que es lo que le impide a Octavio que intentemos algo.
Estoy subiendo al tren, lo busco a Octavio pero no lo veo, miro el reloj, y me doy cuenta que el tren pasó un poco antes del horario habitual, es probable que Octavio haya perdido el tren. Me siento y comienzo el viaje rumbo al trabajo, me siento rara viajando sola, es como si me faltara algo. Recién pasamos la primera estación, siento que no voy a soportar el viaje sola y en la siguiente estación decido bajar. Me quedo esperando el próximo tren, tratando de entender porque me sentí tan mal al no encantarme con él, estoy triste y siento un dolor que me comprime el pecho. Definitivamente tengo que aceptar que me enamore de Octavio, creo que hace tiempo que esto me pasa pero intenté negarlo durante algún tiempo, pero hoy me estoy enfrentando a la realidad. Prefiero ser simplemente su compañera de viaje a perderlo; es por eso que acepto que las cosas sean como él quiere.
Escucho que el tren se aproxima, me dirijo al último vagón y espero encontrarme con él. Afortunadamente lo veo a penas subo, mágicamente el dolor y la tristeza que sentía desaparece, sonrío al sentarme a su lado.
Evito decirle porque subí en otra estación, él tampoco me pregunta, y continuamos nuestro viaje. Mientras el habla yo pienso en que esto no puede seguir así, llego el momento de alejarme de él.
Al descender del tren, aún mantengo la ilusión de que me bese pero es inútil porque es real que no le pasa nada conmigo.
Camino hacia el trabajo, paso por una librería y decido regalarle un libro para despedirme. Entro en la librería y comienzo a buscar un libro, después de recorrer la librería varias veces me decido por uno “A orillas del río Piedra, me senté y llore”. Le escribo unas palabras y le dejo mi teléfono pensando que tal vez un día me llame y volvamos a vernos. Ahora solo me queda esperar hasta mañana para ponerle fin a esta historia.
Llegó el momento, he decidido que unas estaciones antes de que nuestro viaje termine voy a decirle todo lo que siento por él, y al despedirnos voy a entregarle el libro. Tengo todo pensado, mientras me habla de lo cansado que esta de su trabajo, voy repasando todo lo que quiero decirle. Nuestro viaje esta por terminar, inesperadamente nos tomamos de la mano, nos miramos; es el momento justo para decirle lo que tenía previsto. Pero él se me adelanta y me dice algo:
- Qué loco no? si no tuviera tantos problemas, hace tiempo te hubiera propuesto que intentemos algo.
Instantáneamente le suelto la mano.
-¿Por qué me soltás?
- Pensaba en hablarte sobre lo mismo, me pasan cosas con vos y por eso prefiero alejarme.
Al bajar del tren continúa diciéndome que no quiere lastimarme y que por eso prefiere aceptar mi decisión de alejarnos. Estamos por despedirnos, lo saludo, le entrego el libro y me voy apresuradamente sin decir nada. Camino dos cuadras, me detengo y comienzo a llorar sin entender que es lo que le impide a Octavio que intentemos algo.
domingo, 8 de agosto de 2010
VI. Varados en el tren
Con Octavio actualmente solo conversamos y compartimos el viaje, me costó un poco acostumbrarme al cambio porque cada vez que nos despedíamos tenia la ilusión de que me volviera a besar, pero no. Mi única opción fue aceptar que por alguna razón que desconozco solo podíamos intentar ser amigos, prefiero conformarme con eso antes de perderlo. Después de todo él tiene una hija y todavía la relación con su mujer no está totalmente terminada; enamorarme de él sería para problemas.
Salgo de casa y me dirijo a tomar el tren, cuando estoy llegando a la estación escucho que me dicen algo:
- Dale, apúrate que perdes el tren.
Descubro que Octavio está en la estación, sorprendida continúo caminando hasta la boletería.
Me encuentro con él, me cuenta que fue a visitar a alguien que vive cerca de la estación y por eso me estaba esperando ahí. Llega el tren, nos subimos y encontramos dos asientos libres en los que nos sentamos. El tren arranca y nosotros seguimos conversando, en realidad la que habla soy yo mientras él me escucha y me da su opinión. Últimamente conversamos de mis amores y desamores, tal vez elijo hablar de eso para que crea que no me pasa nada con él. De repente el tren frena de golpe, con Octavio nos miramos sorprendidos por la frenada. La gente se asoma por la ventanilla y ahí nos enteramos que el tren atropelló a alguien. Algunos pasajeros intentan descender de alguna manera, con Octavio caminamos por el tren mientras pensamos qué hacer. Finalmente decidimos esperar que el servicio se normalice, sabiendo que eso podría demorar bastante. Volvemos a sentarnos y yo decido terminar con cosas del trabajo; él observa lo que hago mientras me habla. Lo escucho pero sin prestarle demasiada atención, probablemente lo haya percibido y por eso se levantó para acercarse a hablar con un pasajero. No sé porque decidí quedarme a esperar en lugar de buscar otra manera de ir al trabajo; en realidad sé que me quedé para compartir más tiempo con él. Veo que Octavio está regresando, decido guardar mis cosas y dedicarle toda la atención a él. Se sienta y me cuenta lo que averiguó del accidente; hace más de media hora que estamos varados en el tren y parece que tenemos para un rato más.
Entre un tema y otro terminamos hablando de Renzo, Octavio me escucha, sonríe y me pregunta porqué me interesa mantener esa relación que se que no va a llegar a nada. Lo miro a los ojos, me encantaría que nos besemos pero ya no me hago ilusiones; igualmente la tentación es muy fuerte entonces desvío la mirada, me asomo por la ventanilla y le digo:
-Creo que terminaron.
Él no me responde, me siento y al mirarlo nuevamente me dice:
-Que no pase nada no significa que no me siga tentando.
Sin decir nada le sonrío pero no me animo a preguntarle qué le impide hacerlo.
Después de casi dos horas el tren arranca, continuamos el viaje casi sin emitir palabras. Voy pensando en lo que me dijo hace un rato, estoy confundida no sé qué le pasa conmigo. Me gustaría saber en qué está pensando él, pero cuando estoy por preguntarle me doy cuenta que tenemos que bajar. Al descender del tren, caminamos deprisa hacia la salida, ya no puedo preguntarle en qué estaba pensando. Nos despedimos y cada uno sigue su camino.
Salgo de casa y me dirijo a tomar el tren, cuando estoy llegando a la estación escucho que me dicen algo:
- Dale, apúrate que perdes el tren.
Descubro que Octavio está en la estación, sorprendida continúo caminando hasta la boletería.
Me encuentro con él, me cuenta que fue a visitar a alguien que vive cerca de la estación y por eso me estaba esperando ahí. Llega el tren, nos subimos y encontramos dos asientos libres en los que nos sentamos. El tren arranca y nosotros seguimos conversando, en realidad la que habla soy yo mientras él me escucha y me da su opinión. Últimamente conversamos de mis amores y desamores, tal vez elijo hablar de eso para que crea que no me pasa nada con él. De repente el tren frena de golpe, con Octavio nos miramos sorprendidos por la frenada. La gente se asoma por la ventanilla y ahí nos enteramos que el tren atropelló a alguien. Algunos pasajeros intentan descender de alguna manera, con Octavio caminamos por el tren mientras pensamos qué hacer. Finalmente decidimos esperar que el servicio se normalice, sabiendo que eso podría demorar bastante. Volvemos a sentarnos y yo decido terminar con cosas del trabajo; él observa lo que hago mientras me habla. Lo escucho pero sin prestarle demasiada atención, probablemente lo haya percibido y por eso se levantó para acercarse a hablar con un pasajero. No sé porque decidí quedarme a esperar en lugar de buscar otra manera de ir al trabajo; en realidad sé que me quedé para compartir más tiempo con él. Veo que Octavio está regresando, decido guardar mis cosas y dedicarle toda la atención a él. Se sienta y me cuenta lo que averiguó del accidente; hace más de media hora que estamos varados en el tren y parece que tenemos para un rato más.
Entre un tema y otro terminamos hablando de Renzo, Octavio me escucha, sonríe y me pregunta porqué me interesa mantener esa relación que se que no va a llegar a nada. Lo miro a los ojos, me encantaría que nos besemos pero ya no me hago ilusiones; igualmente la tentación es muy fuerte entonces desvío la mirada, me asomo por la ventanilla y le digo:
-Creo que terminaron.
Él no me responde, me siento y al mirarlo nuevamente me dice:
-Que no pase nada no significa que no me siga tentando.
Sin decir nada le sonrío pero no me animo a preguntarle qué le impide hacerlo.
Después de casi dos horas el tren arranca, continuamos el viaje casi sin emitir palabras. Voy pensando en lo que me dijo hace un rato, estoy confundida no sé qué le pasa conmigo. Me gustaría saber en qué está pensando él, pero cuando estoy por preguntarle me doy cuenta que tenemos que bajar. Al descender del tren, caminamos deprisa hacia la salida, ya no puedo preguntarle en qué estaba pensando. Nos despedimos y cada uno sigue su camino.
martes, 27 de julio de 2010
V. Vos, él y yo
Hace una semana que las cosas cambiaron entre Octavio y yo. Fue después de aquel jueves, todavía no entiendo que paso. Seguimos viajando como siempre, nos encontramos en el último vagón y si bien mantenemos las charlas, esos besos hermosos que nos dábamos al despedirnos dejaron de existir. Ya no es lo mismo, todo ese entusiasmo que sentía cada vez que subía al tren y me encontraba con él desapareció. A lo mejor volvió con la madre de su hija, no me contó nada pero tampoco me animo a preguntarle; creo que prefiero no saber. Tuve que acostumbrarme simplemente a compartir el viaje con él sin entender porque de repente todo cambio. Hoy es jueves, así que también compartimos la vuelta en tren.
Estoy sentada en el tren junto a Octavio, no se porque razón opto por contarle mi relación con Renzo. Comienzo a contarle que Renzo es un amigo con el que un par de veces paso algo pero nunca llegamos a nada simplemente porque él no quiere compromisos, Octavio sonríe y yo sigo hablando de lo que sentí por Renzo y como eso fue cambiando. Quisiera callarme pero no puedo, se que no debería estar hablando de esto con él o por lo menos eso me diría mi amiga Laura.
Llega el momento de descender del tren, esta situación es siempre igual. Antes me encantaba pero ahora preferiría evitarla porque todavía sigo esperando ese beso que nunca llega. Nos despedimos y cada uno sigue su camino.
Después de una tarde pésima en el trabajo, estoy llegando al curso con muy pocas ganas. Hoy Octavio no ocupa un lugar especial en mi cabeza, ya no me hago ilusiones, es mas ni siquiera me importa si esta noche no volvemos juntos. El curso termina, con mucha tranquilidad junto mis cosas y me dirijo a tomar el colectivo. Cuando llego a la estación, Octavio me esta esperando. El tren esta vacío, nos subimos y nos sentamos enfrentados. El empieza a contarme sobre su día, yo lo escucho pero sorpresivamente desvío mi atención. Alguien se acerca a saludarme, Octavio deja de hablar y mira a la persona que se me acerco. Mientras tanto, yo pienso que me gustaría desaparecer y evitar esa situación. Intento que ninguno de los dos note lo incomoda que me siento y comienzo a conversar con Renzo que acaba de subir al tren. Él comienza a hacerme preguntas, como siempre, porque sabe que si me da pie puedo hablar sin cansarme; así evita hablar de él o que le pregunto sobre su vida. Octavio mira por la ventana y por momentos nos observa, imagino que esta escuchando la conversación y me gustaría saber en que piensa cuando nos mira. Renzo me saluda y se baja del tren. Lo miro a Octavio y le digo:
- Era Renzo
-Se nota que te gusta.
No se ni que decir ni que cara poner, opto por hacerle una pregunta:
- ¿Se nota mucho?
-Bastante. La próxima vez que nos crucemos con él te robo un beso.
Los dos sonreímos, pero no le respondo y continuamos viajando en silencio. Mi viaje termina, saludo a Octavio y bajo del tren pensando en que me gustaría que los tres nos volvamos a encontrar.
Estoy sentada en el tren junto a Octavio, no se porque razón opto por contarle mi relación con Renzo. Comienzo a contarle que Renzo es un amigo con el que un par de veces paso algo pero nunca llegamos a nada simplemente porque él no quiere compromisos, Octavio sonríe y yo sigo hablando de lo que sentí por Renzo y como eso fue cambiando. Quisiera callarme pero no puedo, se que no debería estar hablando de esto con él o por lo menos eso me diría mi amiga Laura.
Llega el momento de descender del tren, esta situación es siempre igual. Antes me encantaba pero ahora preferiría evitarla porque todavía sigo esperando ese beso que nunca llega. Nos despedimos y cada uno sigue su camino.
Después de una tarde pésima en el trabajo, estoy llegando al curso con muy pocas ganas. Hoy Octavio no ocupa un lugar especial en mi cabeza, ya no me hago ilusiones, es mas ni siquiera me importa si esta noche no volvemos juntos. El curso termina, con mucha tranquilidad junto mis cosas y me dirijo a tomar el colectivo. Cuando llego a la estación, Octavio me esta esperando. El tren esta vacío, nos subimos y nos sentamos enfrentados. El empieza a contarme sobre su día, yo lo escucho pero sorpresivamente desvío mi atención. Alguien se acerca a saludarme, Octavio deja de hablar y mira a la persona que se me acerco. Mientras tanto, yo pienso que me gustaría desaparecer y evitar esa situación. Intento que ninguno de los dos note lo incomoda que me siento y comienzo a conversar con Renzo que acaba de subir al tren. Él comienza a hacerme preguntas, como siempre, porque sabe que si me da pie puedo hablar sin cansarme; así evita hablar de él o que le pregunto sobre su vida. Octavio mira por la ventana y por momentos nos observa, imagino que esta escuchando la conversación y me gustaría saber en que piensa cuando nos mira. Renzo me saluda y se baja del tren. Lo miro a Octavio y le digo:
- Era Renzo
-Se nota que te gusta.
No se ni que decir ni que cara poner, opto por hacerle una pregunta:
- ¿Se nota mucho?
-Bastante. La próxima vez que nos crucemos con él te robo un beso.
Los dos sonreímos, pero no le respondo y continuamos viajando en silencio. Mi viaje termina, saludo a Octavio y bajo del tren pensando en que me gustaría que los tres nos volvamos a encontrar.
lunes, 26 de julio de 2010
IV. Ida y vuelta en tren
Estos últimos meses viajar en tren se volvió muy agradable y especial. Hoy, como es habitual, estoy esperando el tren para ir a trabajar pero sin sentir el nerviosismo que sentía hace un tiempo.
Al subir al tren me encuentro con Octavio, nos saludamos como amigos y espontáneamente conversamos de diferentes temas: de su hija, de mi ex y de la relación que tiene con la madre de su hija. Mientras lo escucho pienso como es posible que de ser dos desconocidos que compartían el viaje en tren pasamos a ser como dos personas que se conocen de toda la vida.
Llega el momento de descender, él se enciende un cigarrillo y mientras tanto caminamos hasta la entrada del subte y nos despedimos con un hermoso beso. Así es siempre, y si bien no entiendo porque me besa solo cuando nos despedimos, ya me acostumbre a que sea así. Quizás lo hace para que me quede todo el día pensando en él, esperando que ese momento se repita al día siguiente, y al siguiente y todos los días que nos vemos.
Cada uno continúa su camino, comienzo a caminar hacia el trabajo pensando en Octavio y en lo mucho que me gusta. Pero también pienso que no tengo que hacerme ilusiones, porque la relación empieza y termina en el tren.
Hoy es jueves, compartimos la ida y la vuelta en tren porque es el día que tengo un curso de capacitación. Espero con ansias que el día termine para volver a encontrarme con él.
Salgo del trabajo y me dirijo al curso. Una vez allí me siento e intento seguir el curso pero no puedo, físicamente estoy ahí pero mi mente tiene lugar solo para pensar en el chico del tren. Después de tres horas el curso termina, salgo deprisa sin entretenerme con nada para tomar el colectivo y llegar a tiempo para encontrarme con Octavio.
Una vez en la estación, espero que Octavio llegue con algo de miedo porque hubo veces en las que nos desencontramos. Nunca supe si fue porque no nos vimos o porque alguno de los dos perdió el tren, pero aunque él no lo sepa más de una vez deje ir el tren y permanecí en la estación esperándolo inútilmente.
Afortunadamente lo veo venir, lo recibo con una sonrisa y todo lo que estaba pensando desaparece instantáneamente al encontrarnos.
Nos tomamos el tren y comienzo a contarle sobre mi día pero él apenas me escucha, lo noto distante y no entiendo que le pasa. Pienso que tal vez esta cansado o tuvo un mal día, solo espero que la despedida sea como siempre.
Estamos llegando a la estación en la que desciendo, llega el momento de despedirnos. Me acerco para saludarlo esperando recibir ese beso en el que pensé todo el día, lamentablemente eso no ocurre. Nos despedimos con un simple beso y bajo del tren. Camino hacia casa, pensando en lo que había pasado y sin entender como todo cambió de repente. Siento una tristeza y un dolor que quisiera no sentir, hace tiempo que no me pasaba algo así. Nunca pensé en lo mucho que Octavio me importaba ni en lo que realmente sentía por él.
Al subir al tren me encuentro con Octavio, nos saludamos como amigos y espontáneamente conversamos de diferentes temas: de su hija, de mi ex y de la relación que tiene con la madre de su hija. Mientras lo escucho pienso como es posible que de ser dos desconocidos que compartían el viaje en tren pasamos a ser como dos personas que se conocen de toda la vida.
Llega el momento de descender, él se enciende un cigarrillo y mientras tanto caminamos hasta la entrada del subte y nos despedimos con un hermoso beso. Así es siempre, y si bien no entiendo porque me besa solo cuando nos despedimos, ya me acostumbre a que sea así. Quizás lo hace para que me quede todo el día pensando en él, esperando que ese momento se repita al día siguiente, y al siguiente y todos los días que nos vemos.
Cada uno continúa su camino, comienzo a caminar hacia el trabajo pensando en Octavio y en lo mucho que me gusta. Pero también pienso que no tengo que hacerme ilusiones, porque la relación empieza y termina en el tren.
Hoy es jueves, compartimos la ida y la vuelta en tren porque es el día que tengo un curso de capacitación. Espero con ansias que el día termine para volver a encontrarme con él.
Salgo del trabajo y me dirijo al curso. Una vez allí me siento e intento seguir el curso pero no puedo, físicamente estoy ahí pero mi mente tiene lugar solo para pensar en el chico del tren. Después de tres horas el curso termina, salgo deprisa sin entretenerme con nada para tomar el colectivo y llegar a tiempo para encontrarme con Octavio.
Una vez en la estación, espero que Octavio llegue con algo de miedo porque hubo veces en las que nos desencontramos. Nunca supe si fue porque no nos vimos o porque alguno de los dos perdió el tren, pero aunque él no lo sepa más de una vez deje ir el tren y permanecí en la estación esperándolo inútilmente.
Afortunadamente lo veo venir, lo recibo con una sonrisa y todo lo que estaba pensando desaparece instantáneamente al encontrarnos.
Nos tomamos el tren y comienzo a contarle sobre mi día pero él apenas me escucha, lo noto distante y no entiendo que le pasa. Pienso que tal vez esta cansado o tuvo un mal día, solo espero que la despedida sea como siempre.
Estamos llegando a la estación en la que desciendo, llega el momento de despedirnos. Me acerco para saludarlo esperando recibir ese beso en el que pensé todo el día, lamentablemente eso no ocurre. Nos despedimos con un simple beso y bajo del tren. Camino hacia casa, pensando en lo que había pasado y sin entender como todo cambió de repente. Siento una tristeza y un dolor que quisiera no sentir, hace tiempo que no me pasaba algo así. Nunca pensé en lo mucho que Octavio me importaba ni en lo que realmente sentía por él.
III. Miradas, palabras y algo mas...
Acabo de subir al tren, Octavio esta sentado y yo me siento en algún lugar desde donde pueda mirarlo. Seguíamos manteniendo las miradas y las sonrisas pero de repente el tren se llena de gente y ya no puedo mirarlo. Todavía faltan varias estaciones para que el tren termine su recorrido, y con tanta gente no sé como hacer para encontrarme con sus ojos. Octavio tiene una mirada y una sonrisa muy linda, opto por quedarme con esa imagen mientras espero que la gente descienda del tren.
El tren comienza a vaciarse y rápidamente lo busco con la mirada. Nos miramos y mientras tanto, recuerdo la conversación que mantuvimos ayer y espero que en algún momento del viaje esa situación se repita.
Llegamos a destino, me dirijo a una de las puertas para descender; él se acerca y nos saludamos. Descendemos juntos, se enciende un cigarrillo mientras caminamos hacia la salida y conversamos de algún tema sin importancia.
Estamos llegando a la entrada del subte, nos despedimos y cuando me estoy yendo inesperadamente me dice:
-¿Cuánto tardas caminando hasta el trabajo?
- 15 min. Le respondo
-Bueno, te acompaño.
Su propuesta me sorprendió, inmediatamente acepte intentando disimular el asombro y la alegría que sentía por lo que acababa de decirme. Comenzamos a caminar, él comenzó a contarme cosas de su vida y yo lo miraba con una sonrisa. Mientras lo escuchaba pensaba en lo mucho que me gustaba, en como se fueron dando las cosas y me imaginaba que podía llegar a pasar. Me fui armando una historia en mi cabeza hasta que me dijo:
-Tengo una hija de un año
Todo lo que venia pensando se esfumo de mi mente y mientras el continuaba contando como era la relación con la madre de su hija yo intentaba pensar en algo que decir para continuar con la conversación pero mi asombro por lo que estaba escuchando fue tan grande que no supe que decir.
Se acerca el momento de despedirnos, nos detenemos cerca de la entrada del subte, nos miramos a los ojos y nos saludamos. Estamos por separarnos, pero justo en ese momento Octavio me dice:
-No me sigas mirando así porque me dan ganas de darte un beso
Sin dudarlo un segundo, impulsada por el deseo de que eso suceda, instantáneamente fije la mirada en sus ojos y él cumplió con su palabra. El tiempo se detuvo, yo no podía creer lo que estaba pasando. Octavio me gustaba mucho y lo que estaba pasando me alegraba el corazón pero a la vez sentía un poco de miedo porque en realidad no lo conocía,
Después de besarnos, sin decir una palabra, cada unos siguió su camino. Mientras caminaba hacia mi trabajo pensaba en el hermoso beso que acabábamos de darnos y en que pasaría mañana cuando volviéramos a encontrarnos en el tren.
El tren comienza a vaciarse y rápidamente lo busco con la mirada. Nos miramos y mientras tanto, recuerdo la conversación que mantuvimos ayer y espero que en algún momento del viaje esa situación se repita.
Llegamos a destino, me dirijo a una de las puertas para descender; él se acerca y nos saludamos. Descendemos juntos, se enciende un cigarrillo mientras caminamos hacia la salida y conversamos de algún tema sin importancia.
Estamos llegando a la entrada del subte, nos despedimos y cuando me estoy yendo inesperadamente me dice:
-¿Cuánto tardas caminando hasta el trabajo?
- 15 min. Le respondo
-Bueno, te acompaño.
Su propuesta me sorprendió, inmediatamente acepte intentando disimular el asombro y la alegría que sentía por lo que acababa de decirme. Comenzamos a caminar, él comenzó a contarme cosas de su vida y yo lo miraba con una sonrisa. Mientras lo escuchaba pensaba en lo mucho que me gustaba, en como se fueron dando las cosas y me imaginaba que podía llegar a pasar. Me fui armando una historia en mi cabeza hasta que me dijo:
-Tengo una hija de un año
Todo lo que venia pensando se esfumo de mi mente y mientras el continuaba contando como era la relación con la madre de su hija yo intentaba pensar en algo que decir para continuar con la conversación pero mi asombro por lo que estaba escuchando fue tan grande que no supe que decir.
Se acerca el momento de despedirnos, nos detenemos cerca de la entrada del subte, nos miramos a los ojos y nos saludamos. Estamos por separarnos, pero justo en ese momento Octavio me dice:
-No me sigas mirando así porque me dan ganas de darte un beso
Sin dudarlo un segundo, impulsada por el deseo de que eso suceda, instantáneamente fije la mirada en sus ojos y él cumplió con su palabra. El tiempo se detuvo, yo no podía creer lo que estaba pasando. Octavio me gustaba mucho y lo que estaba pasando me alegraba el corazón pero a la vez sentía un poco de miedo porque en realidad no lo conocía,
Después de besarnos, sin decir una palabra, cada unos siguió su camino. Mientras caminaba hacia mi trabajo pensaba en el hermoso beso que acabábamos de darnos y en que pasaría mañana cuando volviéramos a encontrarnos en el tren.
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