Hace una semana que las cosas cambiaron entre Octavio y yo. Fue después de aquel jueves, todavía no entiendo que paso. Seguimos viajando como siempre, nos encontramos en el último vagón y si bien mantenemos las charlas, esos besos hermosos que nos dábamos al despedirnos dejaron de existir. Ya no es lo mismo, todo ese entusiasmo que sentía cada vez que subía al tren y me encontraba con él desapareció. A lo mejor volvió con la madre de su hija, no me contó nada pero tampoco me animo a preguntarle; creo que prefiero no saber. Tuve que acostumbrarme simplemente a compartir el viaje con él sin entender porque de repente todo cambio. Hoy es jueves, así que también compartimos la vuelta en tren.
Estoy sentada en el tren junto a Octavio, no se porque razón opto por contarle mi relación con Renzo. Comienzo a contarle que Renzo es un amigo con el que un par de veces paso algo pero nunca llegamos a nada simplemente porque él no quiere compromisos, Octavio sonríe y yo sigo hablando de lo que sentí por Renzo y como eso fue cambiando. Quisiera callarme pero no puedo, se que no debería estar hablando de esto con él o por lo menos eso me diría mi amiga Laura.
Llega el momento de descender del tren, esta situación es siempre igual. Antes me encantaba pero ahora preferiría evitarla porque todavía sigo esperando ese beso que nunca llega. Nos despedimos y cada uno sigue su camino.
Después de una tarde pésima en el trabajo, estoy llegando al curso con muy pocas ganas. Hoy Octavio no ocupa un lugar especial en mi cabeza, ya no me hago ilusiones, es mas ni siquiera me importa si esta noche no volvemos juntos. El curso termina, con mucha tranquilidad junto mis cosas y me dirijo a tomar el colectivo. Cuando llego a la estación, Octavio me esta esperando. El tren esta vacío, nos subimos y nos sentamos enfrentados. El empieza a contarme sobre su día, yo lo escucho pero sorpresivamente desvío mi atención. Alguien se acerca a saludarme, Octavio deja de hablar y mira a la persona que se me acerco. Mientras tanto, yo pienso que me gustaría desaparecer y evitar esa situación. Intento que ninguno de los dos note lo incomoda que me siento y comienzo a conversar con Renzo que acaba de subir al tren. Él comienza a hacerme preguntas, como siempre, porque sabe que si me da pie puedo hablar sin cansarme; así evita hablar de él o que le pregunto sobre su vida. Octavio mira por la ventana y por momentos nos observa, imagino que esta escuchando la conversación y me gustaría saber en que piensa cuando nos mira. Renzo me saluda y se baja del tren. Lo miro a Octavio y le digo:
- Era Renzo
-Se nota que te gusta.
No se ni que decir ni que cara poner, opto por hacerle una pregunta:
- ¿Se nota mucho?
-Bastante. La próxima vez que nos crucemos con él te robo un beso.
Los dos sonreímos, pero no le respondo y continuamos viajando en silencio. Mi viaje termina, saludo a Octavio y bajo del tren pensando en que me gustaría que los tres nos volvamos a encontrar.
Dos personas se encuentran en el tren cuando van a trabajar. Asi comienza un amor de viaje, despues de 3 años la historia continua pero el final esta cerca.
martes, 27 de julio de 2010
lunes, 26 de julio de 2010
IV. Ida y vuelta en tren
Estos últimos meses viajar en tren se volvió muy agradable y especial. Hoy, como es habitual, estoy esperando el tren para ir a trabajar pero sin sentir el nerviosismo que sentía hace un tiempo.
Al subir al tren me encuentro con Octavio, nos saludamos como amigos y espontáneamente conversamos de diferentes temas: de su hija, de mi ex y de la relación que tiene con la madre de su hija. Mientras lo escucho pienso como es posible que de ser dos desconocidos que compartían el viaje en tren pasamos a ser como dos personas que se conocen de toda la vida.
Llega el momento de descender, él se enciende un cigarrillo y mientras tanto caminamos hasta la entrada del subte y nos despedimos con un hermoso beso. Así es siempre, y si bien no entiendo porque me besa solo cuando nos despedimos, ya me acostumbre a que sea así. Quizás lo hace para que me quede todo el día pensando en él, esperando que ese momento se repita al día siguiente, y al siguiente y todos los días que nos vemos.
Cada uno continúa su camino, comienzo a caminar hacia el trabajo pensando en Octavio y en lo mucho que me gusta. Pero también pienso que no tengo que hacerme ilusiones, porque la relación empieza y termina en el tren.
Hoy es jueves, compartimos la ida y la vuelta en tren porque es el día que tengo un curso de capacitación. Espero con ansias que el día termine para volver a encontrarme con él.
Salgo del trabajo y me dirijo al curso. Una vez allí me siento e intento seguir el curso pero no puedo, físicamente estoy ahí pero mi mente tiene lugar solo para pensar en el chico del tren. Después de tres horas el curso termina, salgo deprisa sin entretenerme con nada para tomar el colectivo y llegar a tiempo para encontrarme con Octavio.
Una vez en la estación, espero que Octavio llegue con algo de miedo porque hubo veces en las que nos desencontramos. Nunca supe si fue porque no nos vimos o porque alguno de los dos perdió el tren, pero aunque él no lo sepa más de una vez deje ir el tren y permanecí en la estación esperándolo inútilmente.
Afortunadamente lo veo venir, lo recibo con una sonrisa y todo lo que estaba pensando desaparece instantáneamente al encontrarnos.
Nos tomamos el tren y comienzo a contarle sobre mi día pero él apenas me escucha, lo noto distante y no entiendo que le pasa. Pienso que tal vez esta cansado o tuvo un mal día, solo espero que la despedida sea como siempre.
Estamos llegando a la estación en la que desciendo, llega el momento de despedirnos. Me acerco para saludarlo esperando recibir ese beso en el que pensé todo el día, lamentablemente eso no ocurre. Nos despedimos con un simple beso y bajo del tren. Camino hacia casa, pensando en lo que había pasado y sin entender como todo cambió de repente. Siento una tristeza y un dolor que quisiera no sentir, hace tiempo que no me pasaba algo así. Nunca pensé en lo mucho que Octavio me importaba ni en lo que realmente sentía por él.
Al subir al tren me encuentro con Octavio, nos saludamos como amigos y espontáneamente conversamos de diferentes temas: de su hija, de mi ex y de la relación que tiene con la madre de su hija. Mientras lo escucho pienso como es posible que de ser dos desconocidos que compartían el viaje en tren pasamos a ser como dos personas que se conocen de toda la vida.
Llega el momento de descender, él se enciende un cigarrillo y mientras tanto caminamos hasta la entrada del subte y nos despedimos con un hermoso beso. Así es siempre, y si bien no entiendo porque me besa solo cuando nos despedimos, ya me acostumbre a que sea así. Quizás lo hace para que me quede todo el día pensando en él, esperando que ese momento se repita al día siguiente, y al siguiente y todos los días que nos vemos.
Cada uno continúa su camino, comienzo a caminar hacia el trabajo pensando en Octavio y en lo mucho que me gusta. Pero también pienso que no tengo que hacerme ilusiones, porque la relación empieza y termina en el tren.
Hoy es jueves, compartimos la ida y la vuelta en tren porque es el día que tengo un curso de capacitación. Espero con ansias que el día termine para volver a encontrarme con él.
Salgo del trabajo y me dirijo al curso. Una vez allí me siento e intento seguir el curso pero no puedo, físicamente estoy ahí pero mi mente tiene lugar solo para pensar en el chico del tren. Después de tres horas el curso termina, salgo deprisa sin entretenerme con nada para tomar el colectivo y llegar a tiempo para encontrarme con Octavio.
Una vez en la estación, espero que Octavio llegue con algo de miedo porque hubo veces en las que nos desencontramos. Nunca supe si fue porque no nos vimos o porque alguno de los dos perdió el tren, pero aunque él no lo sepa más de una vez deje ir el tren y permanecí en la estación esperándolo inútilmente.
Afortunadamente lo veo venir, lo recibo con una sonrisa y todo lo que estaba pensando desaparece instantáneamente al encontrarnos.
Nos tomamos el tren y comienzo a contarle sobre mi día pero él apenas me escucha, lo noto distante y no entiendo que le pasa. Pienso que tal vez esta cansado o tuvo un mal día, solo espero que la despedida sea como siempre.
Estamos llegando a la estación en la que desciendo, llega el momento de despedirnos. Me acerco para saludarlo esperando recibir ese beso en el que pensé todo el día, lamentablemente eso no ocurre. Nos despedimos con un simple beso y bajo del tren. Camino hacia casa, pensando en lo que había pasado y sin entender como todo cambió de repente. Siento una tristeza y un dolor que quisiera no sentir, hace tiempo que no me pasaba algo así. Nunca pensé en lo mucho que Octavio me importaba ni en lo que realmente sentía por él.
III. Miradas, palabras y algo mas...
Acabo de subir al tren, Octavio esta sentado y yo me siento en algún lugar desde donde pueda mirarlo. Seguíamos manteniendo las miradas y las sonrisas pero de repente el tren se llena de gente y ya no puedo mirarlo. Todavía faltan varias estaciones para que el tren termine su recorrido, y con tanta gente no sé como hacer para encontrarme con sus ojos. Octavio tiene una mirada y una sonrisa muy linda, opto por quedarme con esa imagen mientras espero que la gente descienda del tren.
El tren comienza a vaciarse y rápidamente lo busco con la mirada. Nos miramos y mientras tanto, recuerdo la conversación que mantuvimos ayer y espero que en algún momento del viaje esa situación se repita.
Llegamos a destino, me dirijo a una de las puertas para descender; él se acerca y nos saludamos. Descendemos juntos, se enciende un cigarrillo mientras caminamos hacia la salida y conversamos de algún tema sin importancia.
Estamos llegando a la entrada del subte, nos despedimos y cuando me estoy yendo inesperadamente me dice:
-¿Cuánto tardas caminando hasta el trabajo?
- 15 min. Le respondo
-Bueno, te acompaño.
Su propuesta me sorprendió, inmediatamente acepte intentando disimular el asombro y la alegría que sentía por lo que acababa de decirme. Comenzamos a caminar, él comenzó a contarme cosas de su vida y yo lo miraba con una sonrisa. Mientras lo escuchaba pensaba en lo mucho que me gustaba, en como se fueron dando las cosas y me imaginaba que podía llegar a pasar. Me fui armando una historia en mi cabeza hasta que me dijo:
-Tengo una hija de un año
Todo lo que venia pensando se esfumo de mi mente y mientras el continuaba contando como era la relación con la madre de su hija yo intentaba pensar en algo que decir para continuar con la conversación pero mi asombro por lo que estaba escuchando fue tan grande que no supe que decir.
Se acerca el momento de despedirnos, nos detenemos cerca de la entrada del subte, nos miramos a los ojos y nos saludamos. Estamos por separarnos, pero justo en ese momento Octavio me dice:
-No me sigas mirando así porque me dan ganas de darte un beso
Sin dudarlo un segundo, impulsada por el deseo de que eso suceda, instantáneamente fije la mirada en sus ojos y él cumplió con su palabra. El tiempo se detuvo, yo no podía creer lo que estaba pasando. Octavio me gustaba mucho y lo que estaba pasando me alegraba el corazón pero a la vez sentía un poco de miedo porque en realidad no lo conocía,
Después de besarnos, sin decir una palabra, cada unos siguió su camino. Mientras caminaba hacia mi trabajo pensaba en el hermoso beso que acabábamos de darnos y en que pasaría mañana cuando volviéramos a encontrarnos en el tren.
El tren comienza a vaciarse y rápidamente lo busco con la mirada. Nos miramos y mientras tanto, recuerdo la conversación que mantuvimos ayer y espero que en algún momento del viaje esa situación se repita.
Llegamos a destino, me dirijo a una de las puertas para descender; él se acerca y nos saludamos. Descendemos juntos, se enciende un cigarrillo mientras caminamos hacia la salida y conversamos de algún tema sin importancia.
Estamos llegando a la entrada del subte, nos despedimos y cuando me estoy yendo inesperadamente me dice:
-¿Cuánto tardas caminando hasta el trabajo?
- 15 min. Le respondo
-Bueno, te acompaño.
Su propuesta me sorprendió, inmediatamente acepte intentando disimular el asombro y la alegría que sentía por lo que acababa de decirme. Comenzamos a caminar, él comenzó a contarme cosas de su vida y yo lo miraba con una sonrisa. Mientras lo escuchaba pensaba en lo mucho que me gustaba, en como se fueron dando las cosas y me imaginaba que podía llegar a pasar. Me fui armando una historia en mi cabeza hasta que me dijo:
-Tengo una hija de un año
Todo lo que venia pensando se esfumo de mi mente y mientras el continuaba contando como era la relación con la madre de su hija yo intentaba pensar en algo que decir para continuar con la conversación pero mi asombro por lo que estaba escuchando fue tan grande que no supe que decir.
Se acerca el momento de despedirnos, nos detenemos cerca de la entrada del subte, nos miramos a los ojos y nos saludamos. Estamos por separarnos, pero justo en ese momento Octavio me dice:
-No me sigas mirando así porque me dan ganas de darte un beso
Sin dudarlo un segundo, impulsada por el deseo de que eso suceda, instantáneamente fije la mirada en sus ojos y él cumplió con su palabra. El tiempo se detuvo, yo no podía creer lo que estaba pasando. Octavio me gustaba mucho y lo que estaba pasando me alegraba el corazón pero a la vez sentía un poco de miedo porque en realidad no lo conocía,
Después de besarnos, sin decir una palabra, cada unos siguió su camino. Mientras caminaba hacia mi trabajo pensaba en el hermoso beso que acabábamos de darnos y en que pasaría mañana cuando volviéramos a encontrarnos en el tren.
jueves, 22 de julio de 2010
II. De las miradas a las palabras
Llega el lunes. Había pasado un fin de semana tranquilo y aburrido esperando con ansias que llegue este día, esta hora, este momento. Hoy, más que otras veces, dediqué más tiempo a arreglarme y producirme solo para él.
Me encuentro en la estación, llegué un poco antes impulsada por mi ansiedad y mientras aguardo la llegada del tren, camino por la estación y a cada minuto me asomo para ver si se aproxima. Veo que viene a lo lejos, luego comienzo a escuchar la campana. Un nerviosismo y miles de pensamientos me invaden: ¿qué hago cuando subo?, ¿lo miro?, ¿le sonrío?, ¿me hago la indiferente?… y cuando quiero darme cuenta el tren se detiene delante mío. Las puertas se abren y subo, está lleno, no hay ningún asiento libre, observo que el chico del tren esta sentado así que opto por quedarme parada con la vista en dirección a él. Al vernos, con un gesto nos saludamos desde lejos. El tren arranca y yo, como siempre, saco mi libro de la mochila y comienzo a leer, pero a los pocos minutos no resisto, es más fuerte que yo, y levanto la vista. Lo miro pero desvío la mirada casi inmediatamente intentando retomar la lectura porque él también me estaba mirando. Al igual que otras veces, quiero evitar sonreír pero es imposible, la sonrisa se me escapa. Desde donde estoy, intentando que parezca que estoy concentrada en la lectura, observo que el chico del tren se levanta de su asiento, disimuladamente miro qué hace y veo que le cede el lugar a una señora. En ese momento, nuevamente nuestras miradas se encuentran y ambos sonreímos. El tren continúa su recorrido y unas estaciones antes de llegar a destino, la señora a quien le cedió el asiento se levanta y desciende del tren. Él me mira y con un gesto me ofrece el asiento. Le sonrío y me acerco, le doy las gracias, me siento y continúo con la lectura sobre la que no logre avanzar.
De pronto lo pierdo de vista, pero no quiero darme vuelta para ver donde está, así que intento mirar de reojo, y veo que está sentado en el asiento de atrás.
El trayecto del tren está por terminar, estamos llegando a la última estación. La ansiedad, por querer mirarlo es más fuerte que yo, así que comienzo a prepararme para descender. Me levanto y me dirijo hacia una de las puertas, desde donde lo observo. A los pocos segundos él también hace lo mismo y se coloca enfrente mío. Nos miramos, él esta escuchando música y desde la distancia que nos separa me pregunta:
“Nombre”
Un nerviosismo recorre mi cuerpo, y con todo mi esfuerzo trato de responderle sin que note cómo me siento:
-Clara. ¿El tuyo?
-Octavio. Responde.
Se acerca y nos saludamos, el tren llega a la última estación y descendemos. Mientras se enciende un cigarrillo, me pregunta a donde voy, qué hago y esas típicas preguntas que uno hace cuando conoce a alguien.
Llegamos a la entrada del subte y nos despedimos, él comienza a bajar las escaleras y yo inicio mi caminata hasta el trabajo, feliz porque ahora sé el nombre del chico del tren.
Me encuentro en la estación, llegué un poco antes impulsada por mi ansiedad y mientras aguardo la llegada del tren, camino por la estación y a cada minuto me asomo para ver si se aproxima. Veo que viene a lo lejos, luego comienzo a escuchar la campana. Un nerviosismo y miles de pensamientos me invaden: ¿qué hago cuando subo?, ¿lo miro?, ¿le sonrío?, ¿me hago la indiferente?… y cuando quiero darme cuenta el tren se detiene delante mío. Las puertas se abren y subo, está lleno, no hay ningún asiento libre, observo que el chico del tren esta sentado así que opto por quedarme parada con la vista en dirección a él. Al vernos, con un gesto nos saludamos desde lejos. El tren arranca y yo, como siempre, saco mi libro de la mochila y comienzo a leer, pero a los pocos minutos no resisto, es más fuerte que yo, y levanto la vista. Lo miro pero desvío la mirada casi inmediatamente intentando retomar la lectura porque él también me estaba mirando. Al igual que otras veces, quiero evitar sonreír pero es imposible, la sonrisa se me escapa. Desde donde estoy, intentando que parezca que estoy concentrada en la lectura, observo que el chico del tren se levanta de su asiento, disimuladamente miro qué hace y veo que le cede el lugar a una señora. En ese momento, nuevamente nuestras miradas se encuentran y ambos sonreímos. El tren continúa su recorrido y unas estaciones antes de llegar a destino, la señora a quien le cedió el asiento se levanta y desciende del tren. Él me mira y con un gesto me ofrece el asiento. Le sonrío y me acerco, le doy las gracias, me siento y continúo con la lectura sobre la que no logre avanzar.
De pronto lo pierdo de vista, pero no quiero darme vuelta para ver donde está, así que intento mirar de reojo, y veo que está sentado en el asiento de atrás.
El trayecto del tren está por terminar, estamos llegando a la última estación. La ansiedad, por querer mirarlo es más fuerte que yo, así que comienzo a prepararme para descender. Me levanto y me dirijo hacia una de las puertas, desde donde lo observo. A los pocos segundos él también hace lo mismo y se coloca enfrente mío. Nos miramos, él esta escuchando música y desde la distancia que nos separa me pregunta:
“Nombre”
Un nerviosismo recorre mi cuerpo, y con todo mi esfuerzo trato de responderle sin que note cómo me siento:
-Clara. ¿El tuyo?
-Octavio. Responde.
Se acerca y nos saludamos, el tren llega a la última estación y descendemos. Mientras se enciende un cigarrillo, me pregunta a donde voy, qué hago y esas típicas preguntas que uno hace cuando conoce a alguien.
Llegamos a la entrada del subte y nos despedimos, él comienza a bajar las escaleras y yo inicio mi caminata hasta el trabajo, feliz porque ahora sé el nombre del chico del tren.
lunes, 19 de julio de 2010
I. Lo miro, me mira...nos miramos
Como todos los días, comencé a prepararme para ir a trabajar. Tome una ducha y luego, mientras me vestía, pensaba si ese día me encontraría nuevamente con el chico del tren. Tenia toda la ilusión de volver a verlo, miro el reloj, y me doy cuenta que si no salgo ya mismo voy a perder el tren en el que viajamos juntos. Agarro el resto de mis cosas y salgo a las apuradas de casa, camino ligeramente las pocas cuadras hasta la estación y veo que el tren se aproxima, pero hago a tiempo a alcanzarlo. Me dirijo hacia el último vagón, ultima puerta. El tren se detiene, subo y lo veo; busco un asiento desde el cual pueda mirarlo y me siento. Con toda la tranquilidad e indiferencia, trato de disimular mi nerviosismo y felicidad por verlo. Abro la mochila y saco un libro, empiezo a leer y por momentos levanto la vista para mirarlo, entrecruzamos miradas pero no resisto mas y bajo la mirada. Intento no sonreír y menos sonrojarme, me es difícil, no logro aguantarme y se me escapa una sonrisa. Al bajar la vista intento retoma la lectura, pero me es imposible, así que opto por que parezca que estoy leyendo. Nuevamente lo miro y me mira, siento que el corazón se me sale, esta vez a él también se le escapa una sonrisa y eso me crea mas ilusiones. El tren termina su recorrido, en esta estación bajamos los dos; la estación se llena de gente pero siento que viene atrás mío, intento espiarlo de reojo lo más disimuladamente para que no perciba que estoy atenta a lo que hace. Al salir de la estación me doy vuelta, y ahí esta, mirándome. Reacciono saludándolo desde lejos con la mano y él me guiña el ojo y se dirige hacia la entrada del subte. Me doy vuelta y sigo caminando con una sonrisa de oreja a oreja: “Este chico acaba de alegrarme el día”, me dirijo a mi trabajo sintiendo una felicidad que me llena el corazón. Mientras camino las largas cuadras de la estación al trabajo, voy pensando en él, en la situación, en esa alegría que siento solo por intercambiar unas miradas con una persona que ni conozco. Pero su sonrisa me encanta y su mirada me encandila.
Termina la tarde, vuelvo a casa, cansada pero sin dejar de pensar en el chico del tren, y lamento que sea viernes porque tengo que esperar hasta el lunes para volver a verlo. Debe haber pocas personas que lamentan que llegue el fin de semana, y espero con ansias que llegue el momento de salir de casa para ir al trabajo, para tomarme el tren y encontrarme con él. Mientras mis pensamientos se centran solo en lo que paso esa mañana, recibo un mensaje de Renzo en mi celular. Me esta invitando a salir, tardo en responderle y finalmente opto por quedarme en casa. Las veces que desee que me invitara a salir un viernes a la noche pero hoy él ya no me interesa, seguramente su invitación se deba a que no encontró otra compañía y sabe que me puede, o me podía, porque hoy mi cabeza se quedo con el chico del tren.
Termina la tarde, vuelvo a casa, cansada pero sin dejar de pensar en el chico del tren, y lamento que sea viernes porque tengo que esperar hasta el lunes para volver a verlo. Debe haber pocas personas que lamentan que llegue el fin de semana, y espero con ansias que llegue el momento de salir de casa para ir al trabajo, para tomarme el tren y encontrarme con él. Mientras mis pensamientos se centran solo en lo que paso esa mañana, recibo un mensaje de Renzo en mi celular. Me esta invitando a salir, tardo en responderle y finalmente opto por quedarme en casa. Las veces que desee que me invitara a salir un viernes a la noche pero hoy él ya no me interesa, seguramente su invitación se deba a que no encontró otra compañía y sabe que me puede, o me podía, porque hoy mi cabeza se quedo con el chico del tren.
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